Febrero
25

Cuando alguien lleva años dejándose la vida, literalmente, en la lucha contra la lacra del maltrato, eso que ahora llamamos violencia de género, le repugna ver campañas del feminismo radical que destrozan la labor de años. Es ridículo que estos enemigos declarados de los hombres, intenten convencernos de que recibir una flor es acoso, de que recibir un beso es un acoso, de que aceptar una palabra bonita es acoso. Es ridículo.

Esos mismos especímenes que alientan a las mujeres en problemas a denunciar, incluso cuando estas mismas mujeres te están aclarando que nunca han recibido un golpe. Son precisamente estas, las que hacen un daño irreparable a la lucha contra el maltrato, aún más que los verdaderos maltratadores, porque a estos se les persigue y se les castiga, aunque por el camino caigan inocentes empujados a la miseria por los consejos de estas resentidas que ven en todo ese dominio patriarcal que no se les cae de la boca, pero a ellas se las subvenciona, se las gratifica, eternizando un problema que no tendrá fin mientras una sola persona se beneficie en los personal con tendencias como el todo vale, aunque sea la denuncia falsa.

Cuando está tan hastíado como yo, cuando uno ve las dificultades de su asociación para sobrevivir, por la falta de recursos, porque hemos cometido el pecado de nacer hombres y eso en este gremio no parece perdonarse, cuando uno está a punto de tirar la toalla, aunque rendirse sea una palabra que no se plantea en su código ético y vital, cuando uno está a punto de dejar de ser uno mismo, encontrarse con un soplo de aire fresco en este oasis de inmundicia en el que se está convirtiendo la lucha contra el maltrato es algo reparador.

Pasar por la Ciudad Universitaria y ver con tus propios ojos que todavía quedan personas que usan la cabeza para algo más que sujetar el pelo, es algo enriquecedor. No somos iguales, valemos lo mismo, y en una sola frase se condensa toda la carga humana que debe acompañar a la lucha contra el maltrato, porque nosotros, los hombres, los de verdad, los que se escriben con mayúsculas, somos el complemento, no el enemigo. Gracias a los chicos de los #GlobosAzules, porque me habéis devuelto un poquito de fe en el ser humano.

Al llegar a casa he visto que #GlobosAzules está marcando tendencia, así que me sumo a la tendencia y os animo a hacer lo mismo, porque en la lucha contra el maltrato, el camino del odio, no es el camino.

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